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jueves, 16 de junio de 2011

Perseguidores del alma


“Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; Por tu justicia sacarás mi alma de angustia. Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos, y destruirás a todos los adversarios de mi alma, Porque yo soy tu siervo. Salmos 143:11-12. En este salmos podemos darnos cuenta que David se encontraba en una aflicción en la cual reconocía que solo Dios era capaz de sanar su alma. En el alma se encuentra todas nuestras emociones negativas y positivas. Hago siempre énfasis en esto para que podamos entender lo que podría estar a conteniendo al salmista para expresarse de esa forma; ¿no es cierto que nuestras actitudes son el resultado de experiencias negativas y positivas que a lo largo de nuestra vida hemos ido guardando en nuestro interior? A medida que avanzamos en la vida, estamos cada día en constante crecimiento cognitivo, psicológico, físico y psicosocial. En su mayoría los seres humanos, en más de alguna ocasión hemos sido lastimados por ofensas, engaños, traiciones, abandono, rechazo, abusos físicos o psicológicos etc. Y lo primero en desarrollar con este tipo de experiencias, son muros de protección, que en psicología se le llama “Mecanismos de defensa”; se activan como la alarma de un vehículo, cuando una persona se siente amenazada, por algo o alguien, inmediatamente se activan nuestras alarmas del alma. Meditaba en la palabra y Dios me mostraba que David al igual que nosotros en la actualidad, estaba lleno de miedos y frustraciones, porque a pesar de haber sido escogido por Dios para ser el rey de Israel, y haber hecho pacto con él, no dejaba de ser una persona totalmente imperfecta. En algunas ocasiones yo me he sentido frustrada al saber que tengo y me falta mucho por cambiar; pero a pesar de ello ¡le doy gracias a Dios porque puedo confesar mis errores cada día! Cuando Dios te muestra algo que debes cambiar, nunca será para que lo escondas, sino para que lo confieses a él y seas libre. Recuerda que una verdad nos hace libres, y aquel que confiesa su pecado y se aparta, alcanzara misericordia.
¡No tengas miedo de verte a ti mismo como eres!, no hay nadie perfecto, por eso dice el profeta Jeremías que somos como el barro en sus manos, a medida que nos equivocamos y nos estropeamos en el proceso, Dios vuelve a empezar de nuevo.
Constantemente somos atacados por los dardos del enemigo, ¿no sé si te ha pasado, que un día amaneces con toda la energía del mundo y pareces que conquistas el mundo, y al día siguiente, amaneces sin fuerzas o deprimido? El diablo nunca descansa porque te quiere ver siempre derrotado. Los dardos son todos aquellos malos pensamientos negativos que tratan de estorbar tus pensamientos que llegan al alma. Pensamientos de lujuria, lascivia, miedos, angustia, desanimo, criticas etc. En fin son todos los que te paralizan hacer lo que está preparado para tu vida. Jesús dijo: ¡yo he venido para que tengan una vida llena de abundancia! No dijo de derrota y desgracias. Por esa razón debemos recordar sus promesas: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2.
Ya no permitas que el diablo te robe lo hermoso que Dios tiene para ti, deposita tus cargas en él. Te daré un tips espiritual que a mí me funciona de maravilla, cuando me siento de caer o siento que la soledad me invade.
Me voy a mi habitación y le digo a Dios y al precioso Espíritu Santo que me siento mal, que suplan todo lo que en ese momento me está pasando emocionalmente, que llene mi corazón y renueve mi mente. ¡Y adivina que es lo que sucede en cuestión de minutos! El dolor se va, se va la tristeza, se va la soledad, se va el llanto en fin se va todo mal.
Al principio de mi caminar con Dios no comprendía esto de ser llenos del Espíritu, ¡pensé que me estaba volviendo loca! porque cuando me sentía así, le pedía a al Espíritu Santo que me llenara y consolara, de todos modos él es el consolador; a medida que paso el tiempo, Dios me enseño que de esa forma, es que él nos llena nuestro ser. Los enemigos que persiguen tu alma serán destruidos por amor de su nombre, solo confía que es tu escudo y quien levanta tu cabeza. Salmos 3:3.

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